
A sus 24 años tiene el récord sin precedentes de haber conseguido el número 1 con cuatro sencillos de su álbum debut. Ha escrito canciones para Britney Spears y The Pussycat Dolls, ha vendido 10 millones de discos, ganado dos premios Grammy. Actualmente, es líder mundial en descargas. Pero ¿quién es realmente Lady Gaga? Esa es la pregunta que responde en este artículo Brendan Sullivan, uno de sus más cercanos colaboradores. Por Brendan Sullivan, escritor y productor asentado en Brooklyn.
Lady Gaga, que quede claro, no es Dee Dee Ramone (el fundador de la banda Ramones). Ella no es de las que espera en el bus de la gira para ser subida al escenario a presentar el mismo show cada noche.
Cerca de las dos de la mañana de un lunes reciente, en un club del desolado borde occidental de Manhattan, una pared de músculos le abre camino a través del enjambre de movedizos asistentes al club. Gaga atraviesa el mar de gente con sus anteojos de sol y una peluca -del mismo color del cabello de Marilyn Monroe en el cuadro de Warhol- y cuando el DJ comienza a tocar su música, como una especie de llamado a la acción, acelera sus bellas, largas y sudorosas piernas. Unos hombres les traen tragos al staff de Gaga, y toda la escena -las luces intermitentes, el maquillaje (de las muchachas y de algunos de los chicos), los tipos cool usando anteojos de sol en el interior del club- podría, perfectamente, estar sacado de un video de Lady Gaga. Pero ella no está cantando. De hecho, no habla con nadie. Detrás de sus anteojos, sus párpados cuelgan cansados.
Hace unas horas, Lady Gaga terminó el último de los cuatro shows a tablero vuelto que hizo en el Radio City Music Hall. Ahora, ella se parece a ese jefe que lleva a su equipo a tomar unas copas después de haber terminado un gran proyecto, pero que en realidad está preocupado de la presentación de mañana.
Lady Gaga tiene trabajo que hacer. Ella es la gerente; y su cliente, Lady Gaga. Es una chica obsesiva, un estilo que aprendió de gente como su amigo Alexander McQueen, el fallecido diseñador de moda para quien ella era su musa. Lady Gaga pasa muchas horas -de muchos días- construyendo y poniendo a punto lo que los diseñadores llaman el "mood board" -un collage de obras de arte, modelos y dibujos- destinado a dirigir a los estilistas y artistas que están encargados de su vestuario, maquillaje y peluquería, para que sepan cómo poner en práctica su visión de Lady Gaga. Ese "mood board" se convierte en un guión gráfico y al final, todo se transforma en un show en vivo.
Luego de una hora en el club 1Oak, ella desciende de su elevado sitial. Los musculosos hombres se comunican a través de sus auriculares, los vehículos se preparan y los guardaespaldas despejan un nuevo camino para ella. Una tormenta de flashes de blackberrys y de cámaras digitales ilumina su camino hacia la puerta. De repente un chico flaquito y sudoroso se escurre entre medio del séquito y le grita, llorando: "¡Te amo por ser tú, Gaga!". Ella detiene la procesión, acerca su boca al oído del chico y le dice muy suavemente: "Y yo te amo a ti por ser tú". El chico llora aún más fuerte y Lady Gaga desaparece y se pierde en el frío.
ESTE ES SÓLO
EL INICIO. Lo más importante que hay que saber sobre Lady Gaga es que ella recién acaba de empezar. El haber logrado el número 1 con cuatro sencillos de su álbum debut (cinco si contamos la versión de lujo de "Bad Romance") o el haber vendido completamente la gira mundial que hizo el año pasado con sólo 23 años, para ella no son sinónimo de estar viviendo "su momento". Para ella, esto es sólo el comienzo.
"Hay un gobierno musical que decide qué llegaremos a escuchar. Y yo quiero ser una de esas personas". Cuando dijo esta frase, esta chica aún no había conseguido el top one con sus canciones (aunque ya había escrito la mayor parte de ellas) y todavía no era la directora creativa de Haus of Gaga, que es como llama a la máquina de más de 100 creativos que trabajan para ella. Cuando hizo esa declaración -que no la hizo en una entrevista o desde el escenario- era 2007. Ella todavía era una go-go dancer que se cosía su propia ropa, y yo era su DJ. Y esa frase la escribió en una de mis libretas de notas. En aquellos días, Stefani Germanot-ta era lo que se podía llamar una artista luchadora, una go-go dancer que quería dominar el mundo musical. Los sábados nos sentábamos en el suelo de su casi desnudo departamento, en el Lower East Side de Nueva York, a beber vino de medio litro. Yo le leía los borradores de mi novela mientras ella se acostaba en el suelo con su cabeza en mi regazo. De vez en cuando nos tomábamos undescanso, escuchábamos a Bruce Springsteen (ama la canción "Thunder Road") y ella usaba las páginas en blanco para escribir notas, planificando la estrategia de su carrera.
Una noche, luego de haber conseguido un poco de atención de las compañías discográficas, puso un CD con una canción en la que estaba trabajando: "Boys Boys Boys". Era sólo la parte instrumental, porque no había grabado la voz todavía. De repente comenzó a cantar sobre la grabación, a todo pulmón, con una postura perfecta y su voz llenaba el departamento (la canción hablaba sobre ir a ver a The Killers en el Madison Square Garden e incluía una parte sobre la fiesta que hubo después, en un bar llamado Motor City, de la que yo fui el DJ. Más tarde, esa canción se incluyó en su primer CD y terminó siendo un éxito).
Esa noche, más tarde, fuimos a un bar que hay a la vuelta de la esquina y después de habernos tomado unos tragos, y cuando su música me golpeó nuevamente, le dije que aunque yo había estado en ese bar cientos de veces, sentía como si estuviera en una canción de Lady Gaga. Todo se sentía diferente gracias a ella. Y era verdad. Su música habla de hacer, de las posibilidades. Y es emocionante. Uno puede oír su convencimiento de que hay mucho más por venir: sexo, amor, dinero, fama, exhibicionismo, éxito. Ella me dijo, entonces, que siempre escribiría canciones, pero que su temprano desahogo era sólo el entrenamiento que le ayudaría a convertirse en una productora musical.
Una vez me dijo que ella quería ser "la abuela del pop", apoyando a nuevas bandas, nutriendo sus talentos, viéndolas crecer.
LA FAMA
ME PRECEDE. Volviendo a ese verano de 2007, una noche ella salió de adentro de una torta y le cantó "Feliz cumpleaños, señor presidente" a mi jefe de entonces, el propietario de Beauty Bar Manhattan. De alguna manera, ya estaba clara la referencia a Marilyn Monroe. Voy a citar, lo más verazmente posible, algo que me dijo uno de esos días: "Nadie en el mundo sabe quién soy, pero van a querer saber quién soy. Mi primera aparición en TV quiero que sea en un gran programa y voy a cantar una canción. Voy a salir al escenario en ropa interior y le voy demostrar al mundo que ahí estoy yo. Me importa una m... lo que piensen de mí".
Gaga siempre fue famosa. Antes, incluso, de que publicara un álbum. Si ibas con ella a un club o a una fiesta, siempre podías evitar las colas. Si estabas vitrineando con ella en una librería, los ojos de todos intentaban ver qué libro tenía en sus manos. Mide apenas un metro y medio (1.53 cm.) y habla con una voz suave, pero sabe exactamente cómo llamar la atención. El hecho de tener tantos ojos sobre ella y la extraña presión en la que se convierte el que cada vez más personas descubran quién eres, puede devorar a cualquier aspirante a estrella. De pronto era como si la gente estuviera esperando que ella sacara un disco de éxitos, aunque ni siquiera la hubieran oído cantar. Pero cualquiera que le haya puesto atención a la forma en que se autocreó, sabe que todas y cada una de las ideas es de ella. La diferencia entre Lady Gaga y cualquier otra joven cantante es que la mayoría de las otras le preguntan al mundo: "¿Te gusta mi forma de cantar? ¿Vas a comprar mi disco y asistir a mis conciertos?". Gaga, en cambio, le dice al mundo: "Yo soy famosa. Era famosa incluso antes de que oyeras hablar de mí".
Ella no soñaba con la fama. Ella la anunció. Lady Gaga es una estudiosa de la fama, y la fama que ella más estudia es la suya propia. Ser famosa es algo que parece tanto divertirla como fascinarla. Sus canciones, especialmente las que tratan sobre la fama, pueden ser engañosamente simples en estructura y sin embargo, ser casi tridimensionales en sus letras. "Summerboy" puede hablar tanto de una aventura romántica como de la fugacidad de la fama. "Paparazzi" parece ser acerca de la fama o de la promesa de ella; pero debajo está la historia de una chica que trabaja en su música para impresionar a un chico, sabiendo que cuanto más trabaja, la música la pondrá más lejos de él. "Siempre fui la estrella de mi propia vida. (Pero) cuando lo conocí, él se convirtió en la estrella", me escribió una vez sobre un tipo duro de impresionar con el que salía. "Escribí las canciones para impresionarlo, pero al final las canciones serán las que me alejen de él".
El Día de San Valentín de 2008, ella regresó a Nueva York desde Los Angeles, donde acababa de terminar la grabación que se convertiría en la canción "Just Dance". Ella y yo teníamos un show esa noche, pero nos detuvimos en mi Vespa para ir de compras y tomar té antes de dejarla en casa de sus padres. Ese día me contó que Jimmy Iovine, director de Interscope Records en Los Angeles, había hecho que todos en la oficina se quedaran hasta tarde para escuchar su canción por primera vez, mientras ella bailaba sobre la mesa. Estábamos sentados en un deli cualquiera en el Midtown cuando recibió una llamada de Bert Padell, el que había sido el gerente de negocios de Madonna en los 90. Y ella, a los 21 años, no sólo sabía exactamente quién era Padell, sino que además le recordó una reunión que habían tenido cuando ella era aún más joven. ("¡Mi madre todavía tiene su libro de poesía!"). Él había oído el nuevo demo y quería ser su mánager. Un mes más tarde, estábamos en Los Angeles filmando el video de "Just Dance". Cuando volví a casa, me llamó: "Cuando regrese a Nueva York, quiero sentarme a comer contigo y que seamos personas normales. No quiero que tú seas mi DJ, y yo tu cantante. Quiero que seamos sólo Brendan y Stefani", me dijo.
Pero nunca tuvimos esa comida. Desde que Stefani es Lady Gaga, no ha tenido un solo día libre. Está viviendo el futuro que una vez previó mientras bebíamos vino tinto barato, o por lo menos está viviendo el comienzo de ese futuro. "La primera etapa", como dice ella. En este momento ella está en el tour Monster Ball -que incluye ciudades como Londres y Glasgow-, a cargo de un ejército de gente creativa que incluye bailarines, coristas, diseñadores.
Sus anteojos de sol le dan una pulgada de espacio para sí misma, un poco de espacio para admirar, apreciar y estudiar sin que nadie vea sus ojos. Pero es sólo una pulgada. Porque de repente, ella es una estrella. Y aunque eso le pasa a mucha gente, esa misma gente deja de serlo rápidamente. Los flashes desaparecen porque esa gente sigue las que, ellos creen, son las reglas para hacerse famoso.
Fuente: Revista el mercurio